TRIBUNA
Las mejores virtudes de Catalunya
Todavía me resuenan sus últimas palabras en el Saló de Sant Jordi del Palau de la Generalitat en el momento de recibir la Medalla d’Or de la Generalitat de Catalunya. A pesar de su fragilidad física, a pesar de que habíamos decidido que no hablaría, se puso de pie y soltó con voz franca, precisa y rotunda el alegato más sentido, preciso y patriótico que he podido escuchar en mucho tiempo a favor de la catalanidad: «Nosotros, si todavía nos sentimos comprometidos con algo, es con nuestro país, con nuestra patria y con nuestro sentido de ser. Para siempre, fe en Catalunya».
Nos hizo sentir a todos los presentes las mejores virtudes de nuestro país y la fuerza que realmente lo han construido, a pesar de las extremas dificultades que Catalunya ha tenido que afrontar a lo largo de la historia. La fuerza que garantiza la continuidad de nuestro país, las ideas que le han dado forma, han surgido de ciudadanos como Josep Maria Ainaud de Lasarte. Su sabiduría, su inalcanzable conocimiento de la historia de Catalunya, su defensa de un catalanismo abierto, plural y profundamente democrático, su inequívoca convicción sobre el papel esencial de la cultura en la construcción del país.
Personalmente le recuerdo, además, con dos detalles que expresan su forma de ser, siempre enormemente generosa. Cuando hace más de 30 años unos jóvenes historiadores decidimos hacer la revista de historia L’Avenç, él nos ayudó a sacarla adelante con toda su generosidad. Nunca nos dijo que no a nada de lo que le pedimos. Y ciertamente no cambió nunca.
El segundo detalle es de hace unos meses, cuando fui a visitarle a su casa. Después de una conversación que aún hoy me impresiona por su claridad de ideas sobre las razones de los males de nuestro país, a la hora de irse, me dijo: «Por cierto, consejero, coge el libro que quieras de mi biblioteca. Me gusta que todo el mundo que viene a visitarme se lleve un libro que le pueda ser útil».
Un hombre generoso y sabio, comprometido con las mejores causas de nuestro país, divulgador brillante de la historia de Catalunya y siempre próximo al compromiso político. Entendió la política desde la voluntad de servicio al país, y siempre cargada de valores y convicciones. La política, desde las ideas y los valores colectivos. La mejor manera de recordarle es dejar claro a todos los catalanes que las mejores cosas que hoy tiene nuestro país son la consecuencia de gente que las ha pensado y las ha luchado. Su fe en Catalunya se traduce en nuestro reconocimiento a hombres como él, a personas que han sabido hacer del pensamiento y de la acción a favor del país el motivo que ha ordenado el relato de su vida.
Un país lo más culto posible
Su fe en Cataluña se desplegaba a través de su convicción sobre la necesidad de construir un país lo más culto posible. Con este legado nos quedamos todos aquellos que pensamos que la principal materia prima de Catalunya es justamente su cultura.
Querido amigo, te echaremos de menos y espero que te sepamos honrar.