EL EPÍLOGO

Cinco años de calvario

ALBERT
SÁEZ
 
Nos pillaron desprevenidos y no sabíamos de la misa la mitad. Explotaron unas hipotecas subprime en la América profunda y las bolsas europeas crujieron, especialmente las acciones de los bancos. Descubrimos el BCE, que tal día como ayer de hace cinco años enchufó 94.800 millones de euros para garantizar la liquidez del sistema financiero europeo. Luego vinieron Lehman Brothers, Goldman Sachs y la quiebra de la banca de Wall Street. Y empezó nuestro máster en economía especulativa: conocimos los derivados financieros, los créditos swap –donde gana el que más hace perder– y la banca de negocios que nada tiene que ver con el negocio de la banca. Meses después ampliamos vocabulario: déficit, deuda, saldo exterior neto y prima de riesgo, y nos convencieron de que habíamos «vivido por encima de nuestras posibilidades» y entramos en el debate entre austeridad y estímulos fiscales. Nos dividimos entre partidarios de Merkel y de Hollande , seguidores de Paul Krugman o de Josep Oliver .
Mientras todo ello ocurría, los fríos indicadores del desastre económico se encarnaban en más de cinco millones de parados solo en España, casi 600.000 familias sin ningún ingreso declarado, la mitad de los jóvenes no ha trabajado nunca... Cientos de miles de personas sienten el azote de la crisis en su propia carne, millones la notan en gente que conocen y aprecian. Y el resto pensamos que cualquier día podemos caer en las garras de la crisis y perder lo poco que tenemos. Estamos hastiados y desesperanzados, principalmente porque no le vemos el final y porque nos han mareado con la refundación del capitalismo, el plan E, la consolidación fiscal, el fondo de rescate, la unión bancaria, el rescate de la banca... Mes a mes, soluciones definitivas que no han hecho hasta ahora más que empeorar la situación.

‘Deadline’

Este cansancio necesita una respuesta política que entienda que, aunque Sánchez Gordillo tenga mucho de payaso, el tiempo del calvario se acaba y se esperan desenlaces.