LA DIFÍCIL SITUACIÓN ECONÓMICA

(REUTERS / REGIS DUVIGNAU)
La crisis financiera cumple un lustro con el rescate de España a la vista
La economía de EEUU todavía muestra debilidad a pesar de los estímulos de Obama y la Fed
Cinco años después, la economía española vive los ajustes más duros de toda la democracia
IDOYA NOAIN / NUEVA YORK
OLGA GRAU / BARCELONA
«La absoluta evaporación de liquidez en algunos segmentos del mercado de valores de Estados Unidos ha hecho imposible valorizar apropiadamente ciertos activos sin que importe su calidad o su calificación de crédito». Con esa frase, hace hoy exactamente cinco años y un día, BNP Paribas, el mayor banco francés, anunció que congelaba el acceso de los inversores de tres de sus fondos a sus amortizaciones.
Esos tres fondos tenían un valor combinado de 1.600 millones de euros, una mínima fracción de los 600.000 millones que gestionaba el banco, pero lo que representaba el anuncio era algo que se ha demostrado mucho más inconmensurable en el último lustro: la crisis de las hipotecas basura que había nacido y empezado a propagarse en Estados Unidos, donde decenas de entidades hipotecarias se habían declarado en bancarrota en los meses anteriores, había cruzado definitivamente el Atlántico, alcanzando el corazón de los mercados financieros europeos. Y como se ha comprobado, lo había hecho para quedarse.
Ese mismo día, y citando «tensiones en el mercado monetario europeo», el Banco Central Europeo (BCE) se vio obligado a inyectar de emergencia 94.800 millones de sus reservas para compensar la falta de liquidez, la primera vez que realizaba una intervención de esas características desde el 12 de septiembre del 2001, un día después de los atentados contra el World Trade Center y el Pentágono. La Reserva Federal de EEUU inyectó 17.000 millones más en sus propio sistema bancario. Pero esas acciones alimentaron algo que no se mide en cifras: el miedo.
LA RESPUESTA EN EEUU / Los 13 meses que seguirían a aquel 9 de agosto fueron profundizando esa desconfianza letal. Y el mundo entero se colocó al borde del abismo financiero cuando, en septiembre del 2008, el complejo y endeble castillo de naipes creado alrededor de los oscuros derivados construidos con hipotecas basura empezó a derrumbarse, un colapso que hizo extremadamente visible y palpable la quiebra de Lehman Brothers.
EEUU logró entonces poner una barrera al descalabro absoluto. Bancos de inversión se reinventaron como banca comercial, el Gobierno rescató a AIG, la mayor aseguradora del país, e intervino Freddie Mac y Fannie Mae, pilares de su trágico mercado hipotecario. El Congreso logró aprobar en octubre un rescate para la banca de más de medio billón de euros, mientras la Fed incrementaba sus acciones, bajaba sus tipos hasta prácticamente cero e inyectaba fondos en la economía.
La crisis global, no obstante, ya estaba en marcha. El crédito había dejado de fluir, la demanda caía en picado y la destrucción de empleo se disparaba: la economía mundial entraba en recesión.
Desde entonces, EEUU y Europa, pese a su unión inextricable en la economía globalizada, han seguido caminos diferentes. Nada más llegar a la Casa Blanca, Barack Obama logró que el Congreso aprobara en febrero del 2009 un paquete de estímulo de más de 600.000 millones de euros para su maltrecha economía y la Fed siguió emprendiendo acciones extraordinarias. Y para la primavera y el verano de ese año las 10 principales entidades bancarias rescatadas devolvían sus ayudas.
La economía estadounidense no puede hablar aún de fortaleza y su estado será determinante en las elecciones presidenciales del 6 de noviembre que miden a Obama con Mitt Romney. Aunque los últimos datos de empleo, de julio, apuntan a un repunte en la creación de puestos de trabajo, aún muestran también un preocupante índice de paro del 8,3% y una ralentización del crecimiento, que en el primer trimestre del año alcanzó un ritmo del 1,5%.
Al otro lado del Atlántico, en la Vieja Europa, la crisis hizo aflorar las debilidades ocultas en las burbujas creadas a lo largo de la última década de prosperidad sin precedentes. Los dirigentes europeos y el Banco Central Europeo se decantaron por medidas de austeridad, a diferencia de Estados Unidos.
Los tratados fundacionales del euro se demostraron incapaces de establecer una salida de la crisis válida para 17 países con economías distintas. Por causas diferentes, sucumbieron al rescate Grecia, Irlanda y Portugal, se nacionalizaron bancos y se cerraron los mercados del crédito. La burbuja inmobiliaria española pinchó y el superávit del Estado se convirtió en déficit a medida que crecía el paro, aumentaba la morosidad y caía el PIB.
El quinto aniversario de la crisis financiera se cumple en España con un rescate europeo de 100.000 millones a la banca y un segundo rescate a la vista para la deuda soberana que podría materializarse a partir de septiembre como ha dejado entrever el presidente Mariano Rajoy.
El paro alcanza casi el 25% de la población activa, el PIB no crecerá hasta pasado el 2013, las cajas han desaparecido y los españoles deben afrontar duros ajustes a cambio del rescate. El paisaje que se atisba ahora en España, cinco años después, en nada se parece a los momentos dulces del 2007, en los que el sistema financiero español se decía que era el más solvente del mundo.