DOS MIRADAS DE VERANO
Unas salchichas

JOSEP MARIA
FONALLERAS
Pilar y Jordi son dos carniceros de Girona que se jubilaron a primeros de agosto después de 43 años de vender pollos y filetes de ternera, y embutidos y conejos, en su establecimiento del Barri Vell. Son una pareja amable, siempre risueña, trabajadora y aficionada de una manera colosal a las competiciones de motos. La única discrepancia que les conozco se refiere a la devoción de uno por Crivillé y de la otra por Doohan . Una batalla cordial que no admitía tregua.
El día del cierre de la carnicería montaron una humilde celebración de despedida. «No pusimos en marcha el aire acondicionado –dijo ella– porque las flores que nos regalaron se habrían echado perder». Son así. Y los clientes que se despedían de la tienda de barrio confesaban, emocionados, que a partir de ahora tendrán que aprender a comprar, porque entrar en su carnicería significaba que tanto Jordi como Pilar ya sabían qué tenían que despachar. Conocían los gustos de los compradores habituales e incluso se adelantaban a sus deseos. Lo más emocionante de esta historia es que ambos recordaban, 43 años más tarde, quién fue la primera mujer que entró en su negocio. Y también lo que compró ese día: salchichas. Esta memoria íntima, superficial y tan intensa, nos habla sobre todo de un tiempo donde eran importantes las personas y también las salchichas que comían, es decir, la vida pausada que nos hermanaba.