AVENTURAS

'Brave', malas influencias

NANDO
SALVÀ
 
Es poco frecuente que un blockbuster hollywoodiense, en especial uno animado, se centre en las complejas dinámicas emocionales y psicológicas que gobiernan las relaciones entre madres e hijas, y en ese sentido Brave es una película admirable. Merida, su heroína, debe aprender una de las lecciones más duras para cualquier niño o niña: que nuestros aparentemente invencibles padres son también seres humanos, y nuestro egoísmo y nuestra insensibilidad pueden hacerles mucho daño. El problema es que, para suministrarnos ese mensaje, el filme se sirve de una narrativa convencional y una colección de personajes meramente estereotípicos, y en ningún momento logra que su mezcla de comedia física, acción vigorosa y sentimentalismo azucarado se muestre tan fluida como en esfuerzos previos de los estudios Pixar.
Asimismo, el objetivo de los directores Mark Andrews y Brenda Chapman –construir un personaje femenino complejo e ideológicamente progresista– se ve saboteado por su respeto a las convenciones y los valores Disney. De hecho, Brave se parece mucho más a una película Disney que a una película Pixar –en realidad, desde que Pixar fue adquirida por Disney en 2006 la distinción está empezando a desaparecer–. Porque puede que Merida pretenda ser una heroína fuerte, independiente y moderna, un híbrido de Katniss Everdeen, Bella Swan y la guerrera protagonista de Blancanieves y la leyenda del cazador , pero, ante todo, es una niña mona con un bonito vestido verde que quiere a su familia, y que en el fondo está encantada con las comodidades de su palacio y los privilegios de su dinastía.