ENTREVISTA CON EL DIRECTOR DE LA PELÍCULA ‘HARA-KIRI: MUERTE DE UN SAMURÁI’

El director japonés Takeshi Miike,. (EL PERIÓDICO)
Takeshi Miike: «Me temo que ser adulto no se me da muy bien»
El director más salvaje y prolífico del cine actual –casi 90 películas en dos décadas– acaba de estrenar en la cartelera española Hara-kiri: muerte de un samurái, con la que continúa la línea temática y formal que inició 13 asesinos , su anterior película.
–Después de 13 asesinos , ¿por qué decidió rodar otra película de samuráis?
–Son dos películas complementarias, y el origen de ambas es el mismo: hace unos años, después de ver un puñado de películas antiguas, me quedé asombrado por el enorme poder y la energía que la industria japonesa poseía en su época dorada. E inmediatamente después me sentí triste, porque hemos perdido la habilidad para hacer películas como esas. Con estos dos remakes quise resucitar aquel espíritu creativo.
–¿Es por eso que no se parecen a ninguna de sus otras películas?
–En efecto. Porque hablan de samuráis, guerreros, gente cuyo oficio era combatir con otras personas. Era su razón de ser, y de ahí obtenían su autoestima. Cuando llegó la paz perdieron su lugar en la sociedad, sus espadas quedaron obsoletas. Decidí que, para hablar de algo así, debía adoptar un enfoque más ortodoxo. Muchos directores en mi país, cuando hacen una película de samuráis, usan un montón de efectos digitales y excéntricos vestuarios, incluso cambian los valores de los personajes para adaptarlos al público moderno. Me parece una falta de respeto.
–¿Cómo explica, entonces, haber rodado Hara-kiri en 3D?
–Confieso que al principio quise que la escena central del filme, el hara-kiri mismo, fuera lo más terrible y dolorosa posible, y pensé que rodarla en 3D me ayudaría a lograrlo. Pero mientras trabajaba en el guion, me di cuenta de que exagerar la escena en demasía sería perjudicial porque anularía el resto de la película, el drama en su conjunto. Finalmente decidí rodar la película en 3D, sí, pero exactamente como si la hubiera rodado en 2D. Así que no hay excesos de sangre ni vísceras arrojadas al rostro del espectador. Aunque pienso volver a usar el 3D en el futuro, y prometo que entonces sí lanzaré miembros humanos al público.
–Después de Hara-kiri ya ha rodado usted cuatro películas más. ¿Cómo logra ser tan prolífico?
–Porque trabajo sin descanso, todo el tiempo, y porque aprovecho bien el tiempo. Cada vez que ruedo una película, por ejemplo, intento acortarle a mi equipo el descanso del almuerzo y así aprovechar el tiempo que ganamos para rodar otra película. Además, nunca rechazo ninguna oferta de trabajo, ni siquiera las que exigen trabajar con presupuestos ridículos.
–Pero en los últimos años los presupuestos de sus películas han aumentado. ¿No es así?
–En efecto. Y, de algún modo, siento que tengo menos libertad que en los viejos tiempos. He tenido que acostumbrarme a hacer películas que gusten a mucha gente, he tenido que madurar. Y me temo que ser adulto no se me da muy bien. Estoy seguro de que pronto volveré a hacer películas raras con cuatro chavos. Me hace más feliz.
–Señor Miike, ¿ha recibido alguna oferta de Hollywood?
–Sí, pero para dirigir en Hollywood no solo debes saber hacer películas, sino también manejarte en ese tipo de ambiente, interpretar el papel de director. Y yo soy solo un tipo normal al que no se le da muy bien relacionarse con la gente y caer bien y autopromocionarse. Por eso, ninguna de las ofertas que he recibido ha prosperado. No me importa.
–Después de haber dirigido tantas películas, ¿siente que todavía le falta algún terreno por explorar?
–Todavía no he hecho ninguna película porno. Me gustaría rodar una, pero la verdad es que, en ese caso, preferiría ser el tipo que está con las manos en la masa, y no el que está detrás de la cámara.