LOS NUEVOS CAZADORES DE RELIQUIAS
Los doblones de nuestro tiempo
Misterios recientes e irresueltos crean un nuevo concepto de tesoro
La palabra tesoro era un cofre, joyas y doblones, un mapa con una equis y un pirata babeando por hacerlo suyo; había bergantes y peligros y luchas de espada, y una extensa mitología obligada. Sobrevive todo esto en los libros, en algunas pinturas y en el cine, y acaso en algún cuento, de los de padre a hijo antes de dormir, pero es anacrónico, romántico por viejo, porque ya no hay doblones y nadie los esconde y menos en un cofre y menos enterrándolo. En un cofre, si acaso, se guardan los recuerdos. ¿Se acabaron los tesoros? No. Se acabó el tiempo de los piratas. Con el mismo ahínco, con la misma tendencia a tropezar y con la misma promesa de recompensa al final del viaje se busca hoy, por ejemplo, el bimotor de Amelia Earhart, se busca el hidroavión de Roald Amundsen, se busca el whisky que dejó Ernest Shackleton a su paso por el polo. Una momia de nuestro tiempo es el cadáver de Osama Bin Laden. Hay quien lo busca, sí; hay quien le da el estatus de tesoro.
«No sé bien si hay una nueva generación de tesoros, pero lo que sí puedo decir es que, tal vez, el refinamiento en la búsqueda de nuevas experiencias se traduce en algunos casos en buscar las cosas que los antiguos exploradores dejaron atrás», dice Pablo Strubell, viajero, escritor frecuente de Altair y Lonely Planet Magazine y exgerente de la Sociedad Geográfica Española. «A veces, lo que se encuentra tiene más valor anecdótico que real, pero por otro lado hay objetos que pueden ayudar a reconstruir una historia. Los del Titanic , por ejemplo: si ayudan a reconstruir la historia del naufragio, sacarlos de allí no es una empresa frívola».
ARQUEÓLOGOS Y AVENTUREROS / «Localizar algo en el mar –dice Jesús Ferreiro, presidente, precisamente, de la Fundación Titanic– es una aventura, y convierte a los descubridores en arqueólogos, aventureros y héroes de nuestro tiempo». Los nuevos tesoros casi siempre resuelven misterios, dicen ambos. «Aportan información –dice Strubell– y ahí radica su valor».