EL AVIÓN DE ROALD AMUNDSEN

(NATIONAL LIBRARY)
El misterio del mar de Barents
Roald Amundsen era un héroe y su muerte fue trágica y el avión que lo transportaba cuando desapareció es, a resultas, un fetiche. Noruega ha llevado a cabo varias expediciones para recuperarlo desde que en junio de 1928 cayó en, se supone, el mar de Barents, cuando participaba en la operación de rescate de su amigo Umberto Nobile, italiano, también explorador, también reputado. Del hidroavión francés Latham solo fue hallado un flotador, y durante meses el Gobierno noruego desplegó esfuerzos tan denodados como inútiles por encontrarlo.
Han pasado desde entonces más de 80 años y lo siguen intentando: la última expedición tuvo lugar hace tres y fue un despliegue de medios; participaron el Museo Noruego de la Aviación, una empresa noruega de tecnología marítima (Kongsberg Maritime) y la Marina noruega, que aportó un submarino a la búsqueda. «Si hay algo ahí abajo, lo encontraremos», declaró el comandante Frode Loeseth, refiriéndose al área de aproximadamente 100 kilómetros cuadrados donde se iba a rastrear el tesoro. Volvieron con las manos vacías. ¿Un tesoro? Para Noruega y los noruegos lo es, desde luego, y como los antiguos buscadores de tesoros no abandonarán jamás la búsqueda. Misteriosa es el adjetivo con el que se suele calificar la desaparición del explorador y su hidroavión, y parece que el objetivo de las sucesivas expediciones es conseguir borrarlo.
En 1933, cinco años después del accidente, el barco de arrastre Kvitholmen volvió a puerto con la noticia de que había avistado los restos de un avión que podía ser el Latham de Amundsen. Se registraron las coordenadas y es en torno a este punto donde desde entonces se ha centrado la búsqueda. «Hay dos posibilidades: o nuestros datos sobre la posición donde el Kvitholmen avistó los restos son erróneos o los restos del Latham fueron arrastrados por un barco de la zona», dijo Rob McCallum, responsable de la última expedición, al regresar a puerto.