EDITORIAL

Notable verano cultural

Llegan a su fin los festivales de verano, en su gran mayoría musicales, de todas las tendencias y para todos los gustos. A estas alturas, aunque es cierto que todavía quedan actuaciones y eventos por celebrarse, podemos ya hacer un análisis de cómo se ha desarrollado la temporada, un escenario amable que acoge manifestaciones elitistas y populares, que presenta artistas consagrados por la fama o por la calidad, que reúne montajes estrictamente acordes con una cierta relajación de los parámetros estéticos o que propone actuaciones de un altísimo nivel. En cualquier caso, teniendo presente el ambiente distendido que caracteriza esta época del año, lo cierto es que la crisis, por ahora, no parece haber hecho mella en la programación. Dar en la diana significa acertar en los contenidos y en los precios, adaptarse a diferentes tipos de público (desde el más pop, rockero o comercial hasta el más entendido o con afanes más puristas) y destacar la oferta propia, creer en su especificidad, entre el mar de sugestiones que llegan al futuro consumidor. El verano de 2012, pues, ha respondido a las expectativas, con los debidos recortes pero con una afluencia destacada que nos permite otorgarle al menos un notable. Otra cosa será el futuro. El desorbitado incremento del IVA cultural planea como un tenebroso fantasma sobre la temporada invernal y también repercutirá, por supuesto, en los festivales veraniegos del próximo año. Esa será otra historia.