REGULACIÓN DE UN POLÉMICO PRODUCTO FINANCIERO

Manifestación de afectados por las preferentes en Santiago de Compostela el pasado 21 de julio. (EFE / LAVANDEIRA JR.)
El Gobierno restringirá la venta de preferentes a particulares
La ley obligará a que la mitad de la emisión sea para clientes institucionales
La inversión mínima para los ciudadanos será de 100.000 euros en algunos casos
Las participaciones preferentes, uno de los productos bancarios que más controversia han causado en los últimos tiempos, podrían tener los días contados, al menos en los términos como se conocen ahora. El Gobierno aprobará el viernes en el Consejo de Ministros duras restricciones a la venta de preferentes a particulares, a los que a partir de ahora se les exigirá su consentimiento de puño y letra sobre que adquieren un producto arriesgado e, incluso en algunos casos, se pedirá una inversión mínima de 100.000 euros.
Según adelantó el ministro de Economía, Luis de Guindos, a la agencia Efe, el Gobierno está decidido a que no se repita el escándalo de las preferentes, un producto muy complejo que la banca vendió en las sucursales como si fueran depósitos a clientes particulares, muchas veces sin conocimientos, y en ocasiones sin su consentimiento.
«Estos productos en muchas ocasiones son para inversores sofisticados, no son para colocar en las redes bancarias», apuntó el ministro, quien se mostró convencido de que con la nueva regulación se evitarán «situaciones como las que se han vivido en los últimos años».
A partir de la aprobación, toda entidad que coloque participaciones preferentes en las sucursales deberá destinar la mitad de la emisión a inversores institucionales, como fondos de inversión, a los que aplicará las mismas condiciones que a los particulares, para evitar discriminaciones. Además, cuando la entidad emisora no cotice en bolsa, se exigirá al comprador una inversión mínima de 100.000 euros. «Esto también será un elemento que limitará las posibilidades de comercialización», recalcó el ministro.
Además, los bancos también tendrán que crear un registro de productos complejos para que se sepa que «hay algunos productos que, por su naturaleza, no son los más adecuados para el ahorrador normal». Aun así, si un cliente «quiere adquirirlo, se le obligará a poner de su puño y letra que, a pesar de que no es el producto adecuado para él, lo quiere adquirir».
La nueva regulación busca evitar que se repitan los errores del pasado, pero aún queda pendiente resolver el problema de los ahorradores que se han visto atrapados en estos productos y no han podido recuperar sus ahorros. Hace un año la banca mantenía un saldo de 22.500 millones en estos productos financieros perpetuos, es decir, que no vencen nunca, y cuya retribución está ligada a que la entidad registrara beneficios. Se calcula que más de un millón de clientes vieron atrapados sus ahorros en las preferentes, según las asociaciones de consumidores.