GENTE CORRIENTE

(DAVID NOGUERA)
Luke Holmes: «En Gran Bretaña, las culturas se mezclan. Aquí no»
Entusiasta transmisor de su lengua, el inglés. Creció en Birmingham y ha dado clases en Tailandia.

CARME
ESCALES
Luke Holmes (Gales, 1983) se asomó por primera vez a Catalunya a través de las páginas de Homenaje a Cataluña, de George Orwell. Durante años veraneó con sus padres en la Costa Brava y los festivales de música electrónica le hicieron comprar muchos billetes de avión a Barcelona, donde vive desde hace dos años. Es profesor de inglés en Viladecans, en una escuela –Vila d’Arts– en la que un idioma se aprende como se logra hacer sonar bien un instrumento: dejándolo sonar mucho.
–¿Suena el inglés en Catalunya?
–Cuando vienes como turista, te entienden y te hablan en inglés, en los hoteles, en la Sagrada Família... Yo siempre vine con mis padres de vacaciones y ellos solo hablaban inglés.
–Ahora, como vecino –de Gràcia– y profesor, puntúe del 1 al 10 el nivel de inglés de los catalanes, en la calle.
–Bueno, está mejorando...
–No, no sea tan educado. Aquí todos tenemos un vecino que tiene el inglés como asignatura pendiente.
–En Barcelona, en barrios como Gràcia, con muchos estudiantes y profesionales liberales, sería 7 u 8. En los pueblos, 2 o 1, es que no tienen televisión o cine en inglés. Pero en Inglaterra, un 8, el 10 se lo doy a Noruega. Además, Inglaterra, en francés o alemán, obtiene un cero.
–Claro, el inglés es la lengua del mundo. ¿También dicen los ingleses que la del futuro será el chino?
–Yo creo que eso es un tópico. Aunque el mandarín se imparte en las escuelas británicas de más prestigio.
–¿Por qué eligió vivir en Catalunya?
–Elegí Barcelona. Había venido al Sónar y al Primavera Sound –me encanta la música electrónica– y gracias a estos festivales, que me parecen los mejores del mundo, disfruté mucho del ritmo, ambiente y carácter de aquí. Es una cultura amable.
–¿Pero en Inglaterra solo se habla de Barcelona, nunca de Catalunya?
–Los profesores de universidad hablan de Catalunya. En la calle se habla de Barcelona, dentro de España.
–Y usted, ¿dónde siente que vive?
–Yo vivo en Barcelona y trabajo en Catalunya.
–¿Nota muchas diferencias dentro y fuera de la ciudad de Barcelona?
–En los pueblos, no entiendo nada. Cuando voy al Montseny, soy un turista otra vez, como cuando estoy con un grupo cerrado de catalanes.
–Barcelona es más multicultural.
–Sí, pero aquí las culturas no se mezclan. Hay mucha gente de diferentes partes del mundo viviendo en la ciudad y cada uno va con los suyos.
–En las ciudades británicas, también hay guetos.
–Sí, existe el barrio de los africanos, o el de los paquistanís, pero entre ellos hay más relación que aquí. Tu médico es africano y no te resulta extraño, aquí eso todavía es raro.
–¿Qué más le parece raro aquí respecto a su estilo de vida inglés?
–Algo que, además, todos mis amigos también dicen: que aquí, cuando la gente camina por la calle no tiene en cuenta el ritmo de las otras personas, el sentido del espacio de cada uno. En Inglaterra, el espacio personal es mayor. Quizás esto en los pueblos no pase tanto y se respete más ese espacio, pero aquí en la ciudad de Barcelona, yo lo noto mucho, te invaden.
–Y aquí, al hablar, tenemos una tendencia a tocar al otro, ¿Lo nota?
–Sí, y me ha sorprendido mucho al principio. Todavía reacciono, sin darme cuenta, más fríamente, como somos los ingleses. Pero yo quiero aprender a estar cómodo con ello, es solo un gesto cultural.
–Para ello, hay que mezclarse, ¿No cree que las parejas mixtas, de dos culturas, son una buena inversión?
–Sí, son una inversión para los hijos, que crecen con idiomas y eso les puede facilitar encontrar más trabajos.
–Dígame algo bueno y algo malo de Barcelona.
–Bueno: el transporte público es más barato que en Inglaterra. Malo: para ir a la piscina, hay que pagar más de 6 euros. En Inglaterra, una libra.
–En su foto –emula a Mo Farah, oro en los 10.000 metros que dibujó un corazón con los brazos– veo que los Juegos Olímpicos le han marcado.
–Sí, estuve allí y nunca había visto un Londres tan abierto. Incluso en la Tate Gallery, todo el mundo te saludaba. Por eso he querido hacerme la foto con el gesto del atleta, ese espíritu olímpico de unión y amor entre culturas. Significa mucho para mí en estos momentos poder agradecer la amabilidad de Catalunya.
–¿Qué le gustaría conseguir ahora?
–Un grupo para tocar la batería.