MALESTAR EN ESTOCOLMO

El apoyo. Una manifestación ante la embajada británica en Quito. (AFP / RODRIGO BUENDÍA)
 

Assange irrita a Suecia

Los suecos están indignados con el fundador de Wikileaks por cuestionar sus instituciones

EDUARDO SOTOS
OSLO
 
Nada queda, a estas alturas, del matrimonio idílico que Julian Assange y las instituciones suecas protagonizaron en el verano del 2010. El fundador de Wikileaks acudió entonces al país escandinavo confiando en un sistema judicial mundialmente famoso por su transparencia y seriedad. La denuncia por abusos sexuales de dos mujeres suecas, con las que Assange convivió durante su estancia en Estocolmo, no solo ha puesto fin al flechazo sino que ha acabado por indignar al conjunto de la opinión pública sueca.
Desde su refugio en la embajada de Ecuador en Londres, en la que lleva encerrado desde hace un par de meses, Assange lanza sus discursos acusando al Estado sueco de pretender su extradición como forma encubierta de entregarlo a Estados Unidos. Tras su discurso en el balcón de la embajada de Ecuador, el diario sueco Svenska Dagbladet calificó al australiano de «megalómano» que había «perdido el contacto con la realidad».
«No existe ningún riesgo real, ni siquiera existe solicitud alguna de extradición por parte de EEUU», señala en declaraciones a EL PERIÓDICO el doctor en Derecho Internacional en la Universidad de Estocolmo, Mark Klamberg. Además, el experto señala que la extradición sería imposible ya que «los tratados entre Suecia y EEUU no permiten la extradición en casos de delitos políticos como el espionaje».

Posibilidad remota

Sin embargo, su colega de departamento, el profesor Pal Wrange, admite que existiría una posibilidad remota de extradición si, en lugar de perseguirse un delito político, la Fiscalía de EEUU «optase por encausarle por delitos comunes como podría ser el delito informático». En cualquier caso, el experto matiza que habría de darse «una conjunción de circunstancias muy concreta» para la extradición y recuerda que siempre estaría sujeta a la garantía por parte de la justicia estadounidense de que la integridad de Assange no correría peligro.
Pero no solo los expertos se muestran contrariados con la actitud del fundador de Wikileaks. Las sospechas que Assange está vertiendo sobre la justicia sueca irritan profundamente a los casi nueve millones y medio de suecos. Nunca antes se había puesto en duda las intenciones de un país que se sitúa en la cuarta posición en cuanto a la transparencia de sus instituciones, según el ranking de Transparencia Internacional. Este mismo ranking sitúa el Reino Unido en el puesto 16º, a España en el 31º y a Ecuador en el 120º.
Suecia cuenta también con una larga tradición de asilo político. A raíz del golpe de Estado del general Pinochet, en septiembre de 1973, llegaron a ese país escandinavo miles de chilenos que fueron acogidos por el Gobierno de Olof Palme. Pero incluso más significativo para el caso de Assange resultó el asilo ofrecido por el Gobierno sueco a los soldados estadounidenses desertores de la guerra de Vietnam en los 70. Por todo ello, muchos escandinavos no pueden entender que sus instituciones sean puestas en duda a estas alturas.
En un país en el que el sentido del deber, la transparencia y el compromiso de los ciudadanos con la justicia son indiscutibles, la estrategia de Assange para huir de sus responsabilidades causa auténtico bochorno. «Debería venir aquí y enfrentarse a las acusaciones de violación y abuso sexual en lugar de esconderse en la embajada de Ecuador», sentencia el doctor Klamberg.