EDITORIAL
Galicia e inestabilidad
Alberto Núñez Feijóo, presidente de la Xunta, justificó ayer el adelanto de las elecciones gallegas –se celebrarán el 21 de octubre y coincidirán con los comicios vascos– en la necesidad de «no crear más inestabilidad» y «ahorrar a España un periodo electoral excesivamente prolongado» en una situación «extremadamente difícil». Lo cierto es que Feijóo ha gozado en esta legislatura de una mayoría absoluta ajustada, pero más que suficiente para agotarla sin agobios. Todo lo contrario que Patxi López, que sí ha tenido que llamar a las urnas antes de lo previsto por la inevitable ruptura de las minorías socialista y popular en Euskadi. Feijóo también arguyó que el adelanto permitirá que la nueva Xunta tenga las manos libres para elaborar los presupuestos gallegos del 2013. En todo caso, la convocatoria de los comicios vascos y gallegos permitirá que, una vez celebrados, Mariano Rajoy goce de un periodo de más de dos años sin citas electorales en España, salvo que Artur Mas la avance en Catalunya. Por eso cabe sospechar que las verdaderas razones del adelanto se hallan más en la Moncloa y Génova que en Santiago. Rajoy necesita que gallegos –y vascos– elijan cuanto antes, porque comprueba que la factura que le pasan los hachazos sociales del Gobierno engorda por días. La experiencia andaluza aún escuece. El PP quiere que los efectos draconianos del inminente rescate europeo no repercutan aún en la intención de voto durante la campaña electoral, que coincidirá además con el inicio del juicio por el Presti ge.