EDITORIAL
Giro del ‘caso Bretón’
La policía española, aun sin contar con los medios de sus homólogas de los países occidentales más desarrollados, goza de una cierta fama internacional de eficaz en la investigación y resolución de los delitos de sangre. Esta consideración ha sufrido un golpe con las novedades, conocidas ayer, en las pesquisas de un asunto que, por sus características, resulta especialmente dramático, el caso Bretón . Casi 11 meses después de la desaparición en Córdoba de los hermanos Ruth y José Bretón, un informe forense solvente da casi por seguro lo que la investigación policial había estado negando: que los restos encontrados en una finca de los abuelos de los niños son de estos.
Ninguna investigación es infalible, pero resulta sorprendente que las autoridades concedieran un crédito ciego a la versión de la antropóloga policial que dijo que esos restos eran de animales –roedores, en concreto–, ya que todas las investigaciones concluían que los niños no salieron de la citada posesión, y por más que esta fue removida de arriba abajo, sus cuerpos no habían sido hallados. El reconocimiento, por parte del propio ministro del Interior, de que probablemente la policía científica ha estado equivocada es un gesto inevitable a la par que honroso. La nueva y casi definitiva luz sobre este drama, en todo caso, se debe a la persistencia del juez instructor y de la madre de las dos pequeñas víctimas.
Lo que añade un horror especial a este caso es que el presunto autor del doble crimen sea el padre de los niños, encarcelado desde poco después del suceso y que ayer aún insistía en su inocencia. Si en su momento se confirma la hipótesis de que José Bretón mató a sus hijos despechado porque su mujer lo había abandonado, será –con independencia de lo que indiquen los dictámenes psiquiátricos– una muestra más de que la violencia machista está enraizada y depara atrocidades impropias de una sociedad moderna. Por lo demás, lo que cabe esperar es que el asunto se resuelva cuanto antes para alivio de una familia que, a diferencia de otros casos similares en España, no ha hecho de su drama un espectáculo. Y que los medios audiovisuales que cuentan con antecedentes no hurguen morbosamente en un asunto que solo debe mover a la amargura y la reflexión.