CONTROVERSIA SOCIAL Y SANITARIA EN LA GRAN MANZANA
Nueva York debate sobre la libertad tras el veto a las sodas gigantes
El 60% rechaza la iniciativa del alcalde Bloomberg, que entra en vigor en marzo
La crítica al Estado «niñera» choca con la demanda de normas para mejorar la salud
Para algunos, el alcalde neoyorquino, Michael Bloomberg, es un admirable cruzado de la salud de sus ciudadanos. Para otros, aparentemente más numerosos, es «una niñera entrometida» que ha ido demasiado lejos al promover un veto a la venta de vasos gigantes (de medio litro o más) con bebidas azucaradas. De momento, y aunque en el debate ciudadano pierda, Bloomberg ha ganado.
El consejo de salud municipal ha aprobado la propuesta del alcalde, que entrará en vigor el 12 de marzo a no ser que algún tribunal la frene. Según esa norma, ni bares, ni restarurantes, ni puestos ambulantes o instalados en estadios y recintos de entretenimiento podrán vender los grandes vasos de 16 onzas de sodas.
La medida tiene problemas, como que el veto no se extiende a los famosos delis, ni supermercados, ni tiendas de cadenas como 7Eleven, que pueden seguir vendiendo sodas azucaradas en cualquier tamaño. Además, no limita los populares « refills », la práctica común en EEUU de poder rellenar gratis el vaso.
Aunque hay quien piensa que solo el hecho de tener que pedir dos veces la bebida puede servir para despertar la conciencia de la cantidad que se está ingiriendo y frenar ese consumo, la tesis dominante es que esta no es una buena iniciativa.
LIBERTADES CIVILES / En un sondeo que publicó hace menos de un mes The New York Times , seis de cada diez neoyorquinos mostraban su rechazo, mientras el 36% lo consideraban una buena idea. Y gente que participó en esa encuesta, como Liz Hare, una investigadora científica, apuntaba a la queja principal: «El veto llega al punto de violar las libertades civiles. Hay muchas otras cosas que la gente hace que no son saludables».
Ayer, ya con el veto aprobado, los neoyorquinos también mostraron su disgusto. «Si la gente quiere estar gorda que lo esté», le decía un empleado de transportes a los estudiantes de periodismo de Columbia. «¿Qué va a ser esto, como el comunismo?» «La gente debe tomar sus propias decisiones, es un país libre y la soda es legal», declaraba una mujer a las puertas de un Starbucks.
Esa línea de opinión la mantiene también un grupo creado para combatir el veto, Neoyorquinos por opciones de bebidas , que denuncian que la prohibición «es una solución política, no una solución de salud».
En sus mandatos (y va por el tercero), Bloomberg ha librado una cruzada por la salud. En el 2002 prohibió el tabaco en bares y restaurantes, veto que el año pasado extendió a parques y playas; en el 2005 desterró de los restaurantes las grasas trans y en el 2008 impuso un registro calórico en todos los menús.