LARGO PLAZO
La Catalunya independiente

OLGA
GRAU
Desde un punto de vista sesgado por el día a día ocupado en lo económico y financiero les diría que el sentimiento independentista crece por la crisis y espanta profundamente a los grandes empresarios catalanes y al poder financiero. A los soberanistas de corte ideológico se les ha sumado una clase media empobrecida y que se siente expoliada fiscalmente, cuya afinidad política no es solo el ala más soberanista de CiU y ERC, sino que proceden de todo el espectro político.
El desequilibrio de las balanzas fiscales de Catalunya con España es quizás el resorte de indignación más visible, pero hay más. La desafección política con el Gobierno de Madrid, la sentencia del Estatut, una política de recortes que empezó antes en Catalunya que en el resto de España, un rescate de 5.000 millones acompañado de los hombres negro, ocho sedes de cajas de ahorros catalanas perdidas y otra caja nacionalizada y al borde de la subasta, más impuestos, más recortes, más sordera. ¿Habría la misma atracción por la independencia sin 600.000 parados en Catalunya? ¿Si no se hubieran subido los impuestos o introducido el copago? Son preguntas necesarias.
Artur Mas accedió a president el 27 de diciembre del 2010. Él sabía entonces que en una España quebrada un pacto fiscal ventajoso para Catalunya era imposible. Si en el pasado, en época de vacas gordas, los gobiernos de CiU y el tripartito no lograron arrancar a Madrid mejores acuerdos, pensar que ahora era posible era pecar de naïf.
España es un país rescatado que ha perdido la soberanía económica y fiscal por más que Mariano Rajoy y los ministros Luis de Guindos y Cristóbal Montoro quieran hacer ver que no. El Banco de España manda poco, y menos mandará con la futura unión bancaria. Bruselas decidirá qué bancos se van a liquidar, cómo y cuándo. Y nos dirá si tenemos que congelar las pensiones o retrasar más la edad de la jubilación.
El país tiene un préstamo de 100.000 millones y está a punto de solicitar que le rescaten la deuda soberana para no pagar intereses multimillonarios para financiarse en los mercados. El maltrato fiscal de los últimos 30 años a Catalunya no se va a resolver en este contexto aunque Madrid haya abierto la puerta a negociar la financiación catalana.
Lo único que se puede hacer para no seguir infundiendo falsas esperanzas que provoquen frustración es convocar elecciones en Catalunya y que cada partido enseñe sus cartas. CiU debe decir claramente si apuesta por la independencia y por un referendo. Y hacer números, a ver si cuadran. Y que los votantes decidan. Mas juró el cargo con estas palabras: «Cabeza fría, corazón caliente, puño firme y pies en el suelo». Pues eso.