DERECHO A DECIR...

Teodora Pozo, ayer por la tarde, en la Diagonal de Barcelona, tras finalizar la limpieza de una de las múltiples oficinas en las que trabaja. (FERRAN NADEU)
 

Teodora Pozo: «Solo saldremos del pozo contagiando cosas buenas»

CARLOS MÁRQUEZ DANIEL
BARCELONA
 
Teodora Pozo es una de esas personas que se ponen a reír sin que aparentemente venga a cuento. Descoloca con su inocencia y su humildad, con respuestas tan lógicas que hacen difícil ubicarla en esta sociedad, en este planeta. Apareció en la contraportada de este diario, donde explicó que es muy feliz viviendo con lo justo en un piso de 14 metros cuadrados en Barcelona. Se dedica a la limpieza de oficinas, tarea que desarrolla con pasión y excelencia.

–Usted trabaja en distintas empresas. ¿Ve a la gente muy decaída?
–Hay poco optimismo. Noto que están inmersos en una tristeza constante. No están receptivos; casi siempre de mal humor. Creo que se equivocan: estar en crisis no implica que el ánimo tenga que estar hundido.

–Quizá han perdido la fe.
–No sabría decirle. Aunque quizá tienen demasiado a lo que agarrarse. Lo políticos les prometen cosas que no cumplen, y eso desanima mucho. En campaña nos hablan de mejores escuelas, mejor sanidad, más puestos de trabajo..., y después, ¡pam!, un euro por receta para la gente mayor. Y luego está el tema de cobrar un sueldo cuando estás en el paro.

–¿No le parece bien?
–No, no es eso. Creo que el problema es que hay gente que se ha acostumbrado a no hacer nada. Y que quede muy claro que no quiero generalizar. Pero me parece que hay personas que rechazan empleos porque el sueldo es menor que lo que les da el Inem. Aquí no hay mentalidad del esfuerzo, siempre se está pendiente de que llegue el puente o el festivo de turno. No vamos bien.

–¿Y cuál es la solución?
–Uf... Es que yo creo que eso va a personas. Yo si no tuviera trabajo me compraría una máquina de costurera, por poner un ejemplo, y me pondría a coser para otros. Cada uno tiene sus habilidades, todos somos más o menos buenos en algo. No hay que parar de moverse, de ser práctico. En las empresas siempre hago más horas de las que toca, hago tareas que no son mías, como comprar el café y el agua o limpiar toallas; se trata de dar un buen servicio, que se note que te gusta lo que haces. Alguien pensará que esta señora se dedica a limpiar y punto. Es cierto, pero esto de limpiar también se puede hacer con excelencia. Un ejemplo. Limpio muebles de madera con alcohol. Parece una temeridad, pero si echas el líquido en el trapo y frotas rápido, queda perfecto, como nuevo.

–Usted vive en un piso de 14 metros cuadrados y está encantada. ¿Considera que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades?
–Estoy convencida. ¿Cómo se puede gastar un dinero que no se tiene? En Salamanca mi familia fue de las últimas en tener televisión. ‘Pero Sebastián, ¿cómo verá usted los toros?’, le preguntaban a mi padre. No los veía y punto. Cuando tuvo el dinero, compró una y fuimos los más felices de Béjar. La gente vive demasiado al día, y a este paso, ni al día ni nada. También es verdad que los políticos no ayudan. Ahora, en tiempos de crisis, deberían ser más optimistas, potenciar la iniciativa de la gente. Contagiar cosas buenas. Lo único que demuestran es miedo y tragedia.

–¿La culpa es del sistema?
–No sé qué quiere decir eso. Le pongo un ejemplo. Limpio una finca en la zona alta una vez por semana. El otro día me encontré a una vecina que me contó que había recogido unos papeles de golosina de la portería. ‘Es que tiene usted la casa tan limpia que me supo mal dejar esa basura ahí’. ¿Qué tontería, verdad? Esa señora se contagió de la necesidad de tener el edificio en condiciones. Y le salió agacharse y coger el papel del suelo. ¡Eso es tirar adelante!

–¿Saldremos de esta?
–Yo tengo trabajo pero no dejo de buscar nuevos clientes. Trabajo los puentes. Y todo el verano. Y no espero nada de los políticos. Las cosas buenas, eso nos sacará del pozo.