PROBLEMAS DE UNA CIUDAD INACABADA

La trinchera. Aspecto actual del cajón que cubre las vías, a la espera de la encallada urbanización. (FERRAN NADEU)
 

Herida abierta en Sants

Las entidades del barrio piden que el enquistado debate sobre la urbanización del cajón de las vías del AVE se abra al resto de la ciudad

HELENA LÓPEZ
BARCELONA
 
Decepcionadas, cansadas y «cabreadas» , las entidades de Sants buscan ahora la implicación «del resto de la ciudad» para intentar desencallar la enquistada urbanización del cajón sobre las vías del AVE en el distrito, lo que no deja de ser una herida abierta en la ciudad. Un fragmento de ciudad inacabada. «Es importante que el debate salga de las fronteras del barrio. Que se implique el Col·legi d’Arquitectes y la FAVB. El problema más allá de Sants», apunta una voz de la plataforma ciudadana que sigue el larguísimo proceso, iniciado hace una década, que integra a seis asociaciones del barrio.
Como era de esperar, en la última reunión mantenida este martes en la sede de Hábitat Urbano tampoco hubo acuerdo. Los vecinos lamentan que a la cita no acudiera ningún cargo político y que el debate se centrara solo en limar asperezas en torno al sector de la calle de Antoni Capmay. «El problema no es solamente qué pasa con Antoni Capmany. Eso es solo una parte pequeña de la urbanización. El debate tiene que ser global. Si no, en dos días volveremos a estar igual», señalan los vecinos, quienes admiten que quizá sí se pueda llegar a un acuerdo pronto sobre ese punto, pero que lo importante es abrir el melón. «Lo importante aquí es el proyecto global, y el que ahora tienen sobre la mesa está a años luz del consensuado en su día», argumentan los pacientes representantes de los vecinos.
A ojos de estos –que no son otros que quienes convivieron primero durante años con el ruido y las máquinas, y ahora con un enorme y desangelado cajón-frontera frente a sus ventanas– se trata de un problema «de concepto». El anterior plan se entendía como una manera de esponjar el barrio; de unir. En el actual el cajón sobre las vías se concibe como un lugar a visitar, inspirado en el High Line de Nueva York. Como una obra arquitectónica en sí.
Tras la octava reunión entre vecinos y técnicos municipales, estos han pedido a los primeros una contrapropuesta a su enésimo plan sobre Antoni Capmany. «Vemos que en eso están dispuestos a ceder. Pero insistimos en que lo gordo no es Antoni Capmany», subrayan (en el primer proyecto de la era Vives dicha calle se presentaba como de tráfico rodado en la que pasaban incluso autobuses, mientras en el proyecto anterior era un paseo).
La caja de los truenos la abrió el ya no tan nuevo equipo de gobierno cuando, de forma unilateral, dinamitó el consenso llegado tras un arduo trabajo en el mandato anterior presentando un nuevo proyecto para la urbanización del cubrimiento de vías que absolutamente nada tenía que ver con el anterior, al que había dado el visto bueno en la oposición.
Tras conocer –por la prensa– los nuevos planes, las seis entidades vecinales que habían seguido todo el proceso se pusieron (de nuevo) en pie de guerra. El concejal de Hábitat Urbano, Antoni Vives, respondió que el proyecto anterior era de «imposible aplicación», lo que, a su vez, hizo salir a la palestra a Sergi Godia, reputado autor del anterior plan. Este y otros arquitectos defienden la viabilidad del mismo, por lo que los vecinos piden que se implique el Col·legi de Arquitectes. En medio del debate, una reciente comisión de Hábitat Urbano aprobó por unanimidad «adecuar» el nuevo proyecto a lo acordado en el anterior mandato «como base para su ejecución». Por el momento, la herida (física) sigue abierta en el barrio. Y no hay consenso.