DOS MIRADAS

La camiseta

JOSEP MARIA
FONALLERAS
 
Hace siglos formé parte de un equipo de fútbol sala que destacó por dos hitos inolvidables: las goleadas que sufrimos (no perdimos nunca por menos de diez goles) y la camiseta que nos atrevimos a llevar durante el campeonato (solo uno) que tuvimos la osadía de disputar. El nombre del equipo era toda una declaración de intenciones. Nos llamábamos Orgasme Futbol Club. El deleite que nos animaba, pues, era muy claro. Ante poderosas empresas del ramo de la construcción y de equipos también subvencionados por el gremio de carniceros, nosotros éramos unos huérfanos iconoclastas. Alegres y con la libertad de la que disfrutábamos, pues, no tuvimos ningún problema en bautizarnos con aquella mezcla de insolencia y deseo. De hecho, entonces era mucho más un deseo que una insolencia, pero no quería hablar de eso sino de la camiseta. Aproximadamente la misma que ahora Custo Dalmau ha diseñado para la selección catalana.
He rejuvenecido con estas hipotéticas llamas del dragón de Sant Jordi sobre fondo azul que son, digámoslo claro, ridículas y pretenciosas, un amasijo cromático que parece un vómito. Modernista, pero vómito. Cruyff ha dicho que es muy importante que los niños lleven la camiseta por la calle. Yo pienso que es mucho más importante que los padres lo eviten. Por decencia patriótica. Aquella camiseta del Orgasme FC marcó mi juventud y no me gustaría, francamente, que mi hijo pasara ahora por un calvario similar.