ANÁLISIS

Una escalada anunciada

MONTSERRAT
RADIGALES
 
Era inevitable esta escalada bélica? Desde la guerra del 2008/2009 la frontera entre Gaza e Israel había permanecido en relativa calma, alterada solo por incidentes esporádicos. Ni Israel ni Hamás, el movimiento islamista que controla la franja, estaban interesados en una confrontación. Los cohetes que en ocasiones caían sobre territorio de Israel o los atentados cometidos por infiltrados a través del ahora descontrolado Sinaí egipcio eran obra de grupos yihadistas aún más radicales que Hamás e iban seguidos por operaciones de castigo de la aviación israelí, también limitadas. Hamás se abstenía y procuraba, según le convenía, mantener más o menos a raya a las demás facciones palestinas de la franja.
Esto había cambiado últimamente. La situación se había deteriorado y, ya fuera por temor a verse desbordado o por deseo de quitar protagonismo a su rival, el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbás, en vistas a su nueva iniciativa en la ONU, ahora también Hamás disparaba los cohetes. Y, sea cual sea la naturaleza de este conflicto, es evidente que ningún Gobierno se quedaría con los brazos cruzados mientras miles de sus ciudadanos se ven sometidos a una lluvia cotidiana de misiles que les envía al refugio varias veces al día.
La confirmación de que las milicias de Gaza poseen el misil
Fajr 5, suministrado por Irán, capaz de alcanzar Tel-Aviv, cambia también la ecuación estratégica. Israel intentará destruir estos arsenales y la infraestructura de Hamás, pero no está claro que lo logre. El ciclo de la violencia en este conflicto parece no tener fin.
Este será, además, un verdadero test para el nuevo Egipto.