RECITAL DEL TROVADOR DE OÑATI

De Euskadi a Catalunya. El cantautor vasco Ruper Ordorika, que hoy actuará en el CAT. (DANNY CAMINAL)
 

El conjuro de Ruper Ordorika

El cantautor trae su sereno y minucioso ‘Hodeien azpian’ al ciclo Euskal Herria Sona

JORDI BIANCIOTTO
BARCELONA
 
El año pasado, Ruper Ordorika se largó unos días a su segundo hogar, Brooklyn, Nueva York; reunió a sus amigos Kenny Wollesen, Ben Monder, Steve Ulrich y Skulli Sverrison y volvió a Oñati con un nuevo disco, Hodeien azpian, que significa Bajo las nubes . Reúne un paquete de canciones minuciosas y serenas que presenta en el CAT (22.00) dentro del ciclo Euskal Herria Sona, acompañado de tres músicos.
Un trabajo con un sigiloso mar de fondo instrumental sobre el que caminan canciones manejables. «Cuando más grande es el músico, menos deseo tiene de lucirse», asegura el cantante y guitarrista como resumen de su experiencia con estos músicos de alta gama: Wollesen es cómplice habitual de John Zorn y Bill Frisell; Sverrison es director artístico de Laurie Anderson... «Tienen un lenguaje depurado, y la biblioteca del rock entera en la cabeza. En Brooklyn encontré un estudio que permite grabar en cinta, en analógico, y por eso grabé allí el disco con ellos», explica Ordorika, que vivió en Nueva York en distintos períodos «hace 15 o 20 años».
Tras más de tres décadas de trayectoria, presiente que tiende hacia formas cada vez más diáfanas. «Tengo la sensación de que voy buceando, yendo hacia el fondo, y eso significa ir a apariencias simples. El disco contiene canciones netas, que pasan en sitios comunes, con poca especulación, y con un sonido que puedes tocar, lo más cercano posible».

HECHIZO POPULAR / También en los textos Ordorika alude a lo más próximo. El título del disco «hace referencia a un conjuro popular en euskera que se atribuye a las brujas: ‘bajo las nubes y sobre la maleza...’ Se decía antes de que pasara algo extraordinario. Pero para mí es el mundo que vivimos, que reflejo en canciones muy básicas sobre pérdida, odio, alegría, chico-chica... Trabajando mi relación con la palabra en euskera».
Ordorika sabe que, en Barcelona, los textos no son muy comprendidos excepto para quienes se hayan preocupado de leer las traducciones en el libreto del disco. «Pero conectas por razones que no puedes explicar. Es una ilusión positiva pensar que la canción va más allá de la comprensión. Cantar fuera del País Vasco siempre es gratificante», destaca.
¿Y dentro? Ordorika se muestra sombrío: cree que la música en euskera no traspasa más allá de su comunidad de hablantes. «Tienes la sensación de que dos comunidades viven de espaldas. Hace años, a veces se oía una canción mía en una radiofórmula y, luego, una de Rod Stewart. Ahora eso es raro. Oyes música vasca en una emisora concreta, y luego, en todas las demás, música normal. Hay gente que crece sin oír nunca canciones en euskera, del estilo que sean». Un cuadro que contrasta con la tendencia catalana. «Lo que está pasando aquí con la nueva escena me transmite sensaciones muy positiva».