LA CLAVE

Radiografías electorales: Camacho

ENRIC
HERNÀNDEZ
 
En puertas de la cita con las urnas a todos los candidatos se les dibuja el cansancio en el rostro y en el discurso, en forma de ojeras o de exordios sin sentido. Aun así, todos prodigan sonrisas y buenas palabras, sabedores de que el calvario populista será efímero. A fuerza de apretar los dientes y la agenda, transitan por la campaña como en una nube, a menudo sin tener plena conciencia de lo que acontece a su alrededor. Con una excepción; Alicia Sánchez-Camacho encadena una cita con la siguiente como si ambas fueran la primera, apenas sin pestañear. La candidata del PPC se mueve en la corriente electoral como pez en el agua. Acaso porque vive permanentemente en modo campaña.
A la lideresa popular la convocatoria anticipada de elecciones no la cogió desprevenida. Tampoco el giro soberanista de Artur Mas , sobre el que venía alertando al equipo de Mariano Rajoy mucho antes de la eclosión independentista de la Diada. De hecho, durante la campaña del 2010 ya advirtió de que en la agenda oculta del líder de CiU figuraba la independencia «en un plazo de seis u ocho años». Lo que no fue óbice para que el PPC, a cambio de una escenificación que normalizara la presencia pública de su presidenta, salvara los presupuestos de Mas –recortes incluidos– hasta que este dio por finiquitada la legislatura.
Agradecimiento a CiU
Aunque se declare despechada por la concupiscencia soberanista de su antiguo socio, Sánchez-Camacho tiene razones para estar agradecida a CiU. No era tarea grata concurrir a los comicios con el lastre de un Gobierno del PP que en menos de un año ha roto todas sus promesas electorales. Para su fortuna, la marea soberanista le ha brindado la ocasión de abanderar (casi en solitario) la enseña unionista y, al igual que Mas, desviar la atención sobre la factura social de la crisis.
Su misión en lo que queda de campaña –atentos al debate del domingo– es taponar la fuga de papeletas hacia Ciutadans y alimentar la polarización del voto entre el PPC y CiU. Luego, en función de la magnitud del triunfo nacionalista, ya se verá si toca recrudecer las hostilidades o aparcarlas de nuevo... hasta las próximas elecciones.