CONSTRUCCIÓN DE LA LÍNEA DE ALTA VELOCIDAD

El AVE derriba los históricos pisos de los ferroviarios de La Sagrera

La piqueta se lleva uno de los dos edificios de los años 20 tras el desalojo de los 15 últimos vecinos

Tras 47 años de residencia, una viuda se queda sin indemnización y tampoco será realojada

RAMON COMORERA
BARCELONA
 
Las obras en la enorme zona donde se construye la macroestación del AVE de La Sagrera queman etapas sin cesar. La maquinaria pesada y las decenas de trabajadores que, sin problemas por ahora, levantan la gigantesca estructura de medio kilómetro de largo y sus complejos accesos de tren y coche, se lo llevan todo por delante, con el debido control claro está. Lo mismo da que sean las piedras de una extensa villa romana, que una fosa neolítica con los huesos de cientos de cuerpos. O, ya en el mundo real de hoy mismo, los últimos vecinos de los dos históricos edificios para ferroviarios construidos en los años 20, cuando se creó la desaparecida estación de mercancías. La piqueta acaba de borrar completamente del mapa uno de esos vetustos y deteriorados inmuebles de la calle de la Baixada de La Sagrera.
La quincena de inquilinos que quedaban entre los dos fueron desalojados a mediados de septiembre. Recibieron indemnizaciones o pisos, según los casos. Pero en el segundo de estos bloques, el más cercano al puente de Bac de Roda, con tres plantas de techos altísimos y hasta nueve viviendas en cada una, quedan aún situaciones pendientes y socialmente injustas. Además de los bajos con oficinas del propio Adif, el gestor de infraestructuras responsable de las millonarias obras, hay dos personas, una desahuciada y otra que mantiene todavía el piso, que reclaman también su derecho a una compensación. Asimismo, hay otras dos que ocupan sendos pisos desde hace varios años y cuya salida deberá resolverse en los juzgados.

47 AÑOS EN EL BARRIO / El edificio que sigue en pie se encuentra al mismo nivel y a escasos 50 metros de la flamante línea provisional del AVE que unirá Sants y la frontera francesa. El tramo está ya equipado y en pruebas, y el Ministerio de Fomento prevé abrirlo de forma oficial en abril. Cuando en unos años, más allá del 2016, culminen las obras y se ponga en servicio la estación, las vías se moverán hacia Sant Martí y pasarán definitivamente por su interior.
Luisa Martín, de 70 años, ha vivido aquí desde 1965. Nada menos que 47 años hasta que el 16 de octubre, un día antes de lo fijado por el juez a raíz del desahucio instado por Adif por «expiración de contrato», tuvo que dejar el piso y refugiarse con su hija menor en otro de alquiler en Santa Coloma de Gramenet. Ocupó la vivienda al casarse con su marido, trabajador de Renfe. Allí tuvo, con cinco hijos, una vida difícil, víctima de malos tratos y de un intento de homicidio por parte de su pareja. A raíz de la agresión y de la condena a cuatro años de cárcel, el juez aprobó en 1996 la separación y el alejamiento, y también la subrogación del piso.

CONTRATO INDEFINIDO / Ella creía que se mantenía el «tiempo indeterminado» del alquiler, lo que al llegar el largamente anunciado fin del edificio a raíz del proyecto de la estación, le daría derecho a una indemnización y a ser realojada por el ayuntamiento en otra vivienda. Pero Adif esgrime que el contrato se cambió por uno de «cinco años con tres prórrogas» anuales y por ello se queda sin nada por ambas partes ya que el consistorio también considera, ante la posición del heredero de Renfe, que no tiene derecho a compensación alguna con motivo de la operación urbanística de La Sagrera. Luisa lamenta que «fue engañada» con el cambio contractual.
También dice que por un «error informático falló la notificación», y el desahucio la sorprendió sin poder oponerse. Recurrirá el fallo del Juzgado de Primera Instancia número 8 de Barcelona así como la resolución del urbanismo municipal. Se enfrenta, sin embargo, a otro acoso judicial. Adif la añade «sin ninguna justificación» a la causa contra uno de sus hijos y un sobrino por «usurpación» al ocupar ellos aún dos pisos del caserón donde ha pasado su vida. Desde que llegó para trabajar, sola y valiente con 17 años, de su pueblo de Loja, en Granada.

Inmueble para ferroviarios de La Sagrera aún en pie, con máquinas a la derecha que sacan los últimos cascotes del otro edificio ya derruido, ayer. (MÒNICA TUDELA)
 
Luisa Martín muestra una foto de 1965 de su familia ante el bloque, ayer. (MÒNICA TUDELA)