EL DÍA SIGUIENTE A LA PROTESTA

Las huellas de la huelga general seguían ayer patentes en las calles a través de las pintadas y los carteles. Un ejemplo son estos dos pasquines con los rostros de Artur Mas («Golpea al capitalismo», reza el mensaje), y Felip Puig (contra las pelotas de goma), en la Diagonal. (ALBERT BERTRAN)
 

El rebote de la huelga

La pedrada. La imagen del niño ensangrentado por el golpe de la porra de un mosso enturbia la plácida campaña de Mas. La lectura. CiU y PP interpretan que el 14-N no va con ellos y las izquierdas pugnan por capitalizar el malestar de la calle

NEUS
TOMÀS
 
La huelga general del 14-N no hubiese pasado de ser un incidente en el recorrido de la campaña de CiU si a unos mossos d’esquadra de Tarragona no se le hubiese ido la porra de las manos. La imagen del chaval con la cara ensangrentada por culpa del golpe propiciado por un agente ha llegado a las páginas de la prensa extranjera (seguro que cuando Artur Mas abogó por «internacionalizar el conflicto» catalán no se refería a esto), y la ensaña con la que otro policía apalea a una chica también a las puertas de El Corte Inglés tarraconense han trastocado la plácida campaña convergente. Socialistas e Iniciativa se han apresurado a exigir la dimisión del conseller de Interior, Felip Puig, mientras que el PPC y Esquerra han entrado en la bronca aunque ambos se limitan a exigir la comparecencia en el Parlament.
El todavía titular de Interior dio ayer algunas explicaciones sin aportar poco más de lo ya sabido. En resumen, que se ha abierto un expediente informativo para ver si los agentes se excedieron y hasta que no haya concluido no se decidirá si se les aparta del servicio o si alguien asume responsabilidades. Sea lo que sea, el departamento de Interior calcula que la investigación durará por lo menos un mes. Vamos que hasta después de las elecciones, no se sabrá nada (a no ser que la polémica se convierta en la serpiente de la segunda parte de la campaña).
Puig lamentó «profundamente» la «acción fortuita» que provocó las heridas al menor y la atribuyó a la «inercia» propia de una carga policial. Evitó repetir la versión inicial según la cual la causa fue un «rebote» de la defensa en la mochila de otro joven que presuntamente estaba protagonizando un altercado a las puertas del centro comercial.
El dispositivo de seguridad diseñado para la jornada de huelga general tiene, además, otra derivada política: el enfrentamiento entre Puig y la delegada del Gobierno, María de los Llanos de Luna.

OTRO FRENTE /La controversia entre los dos políticos (y las dos administraciones, central y Generalitat) tiene su origen en la queja de Llanos de Luna de que la policía autonómica no protegió el edificio de la Policía Nacional durante el transcurso de la manifestación del 14-N. Durante los altercados se quemaron tres coches policiales –uno camuflado y dos furgonetas–. Puig arremetió, y de qué manera, contra la dirigente popular a la que acusó de actuar de forma «oportunista» y moverse «permanentemente» por intereses partidistas. El conseller denunció que desde que Llanos de Luna, amiga de Alicia Sánchez-Camacho, es la delegada del Gobierno, las relaciones «no han sido fáciles y en algún caso han rayado la incorrección». La representante del Ejecutivo central no tardó en replicarle y acusó a Puig de ser un «político irresponsable».
Y mientras unos y otros se lanzan la responsabilidad (o se la quitan de encima, según se interprete), hoy en Catalunya hay más de 800.000 parados. Como ayer o como mañana, otras empresas cerrarán para no volver a abrir nunca más, sumándose así a los 19.000 negocios que han desaparecido desde que empezó el año. Las cifras de la crisis aparecen más en las pintadas que en los discursos, aunque tanto el PSC como ICV-EUiA intentan, de momento con escaso éxito, que el debate social supere a la pugna identitaria.

EL PROPÓSITO / Navarro, que ayer se fotografió con el comité de empresa de ABB Motors, una de las últimas víctimas de los ERE en el sector automovilístico, denunció que CiU simula que la huelga no va por ellos. Por su parte, Joan Herrera, en un alarde de optimismo, proclamó que «en las calles de Catalunya la austeridad salió derrotada».
Más allá de las críticas electoralistas de la oposición, lo cierto es que la federación nacionalista no se da por aludida y en un admirable juego malabar lleva el cabreo de la calle al molino soberanista. «Tuvimos una prueba del malestar que existe y no lo podemos negar, y de este sentimiento de buena parte de la sociedad catalana de que podríamos salir adelante si tuviéramos una situación diferente por el camino de mayor libertad», interpretó ayer el president . No llegó a cuestionar la conveniencia de convocar la huelga general, como sí hizo con la del mes de marzo, y se limitó a reiterar que su deseo es que Catalunya sea más «próspera». En eso seguro que coincide con los que se manifestaron en el paseo de Gràcia con pancartas con el rostro del candidato nacionalista mientras coreaban consignas contra la gestión del Govern.
El PPC también defiende que, a pesar de haber sido socio de Mas durante toda la legislatura, la protesta por los recortes aplicados por la Generalitat no va con ellos. Tras denunciar el «oportunismo» de Navarro por haberse situado tras la pancarta y tildar de «fracaso» la huelga, Alicia Sánchez-Camacho prosiguió con su estrategia de asusta que algún voto queda. Y otra vez, erre que erre, con las pensiones y el fantasma de la miseria que les espera a los pensionistas en una Catalunya independiente. Sí, según la candidata popular, serían mucho más míseras que las que cobran ahora.
El nobel William Ramsay, que, además de químico, era escocés, una nacionalidad que con permiso de los que defienden la catalana o la española (o ambas a la vez) está más en boga que nunca, aconsejó: «Vota a aquel que prometa menos porque será el que menos te decepcione».