LA CATALUNYA RECORTADA

(JULIO CARBÓ)
 

«Quiero un trabajo para vivir, no la ayuda para subsistir»

CARMEN HIERRO
BARCELONA
 
Carmen tiene 43 años y desde hace más de uno no cuenta con ningún tipo de ingreso. El paro se le agotó y la renta mínima de inserción (RMI) no se le ha hecho efectiva, a pesar de estar concedida desde el 11 de diciembre de 2011. Subsiste gracias a la ayuda económica de amigos y vecinos –no tiene familia en Barcelona, lo que hace más complicada su situación– y los vales de comida que la asistente social le da cada tres meses y que ella ha de ir a recoger a la parroquia.
«Trabajé durante 12 años en empresas de atención al cliente, después me quedé en el paro y cuando se me acabó la prestación dejé de tener cualquier tipo de ingreso», explica Carmen. En esta situación no le quedó otra solución que solicitar la RMI, para lo que tuvo que presentar decenas de papeles que avalaran su situación. Carmen solicitó la ayuda cuando la Generalitat ya había endurecido las condiciones para acceder a la renta mínima, en una reforma que dejó fuera a más de 4.500 titulares, aproximadamente un 15% del total existente a principios del 2011.
A pesar de las reclamaciones ante el Palau del Mar –sede de Benestar y donde hasta ahora había que ir para pedir la RMI– el Gobierno catalán y el Síndic de Greuges, Carmen sigue sin cobrar los 423 euros que le corresponden y por lo tanto sin poder hacer frente a las facturas, las compras en el supermercado ni, por supuesto, a lujos como viajar en metro.
Ella intenta contar su historia sin venirse abajo, pero la tristeza asoma cuando habla del momento en el que tiene que ir a la iglesia con su carro a recoger sus raciones de comida. «La primera vez fue horrible, la situación es muy poco humana, no te das cuenta hasta que lo vives », recuerda entre lágrimas. «Un día además de pasta y tomate me entregaron en la bolsa galletas de chocolate blanco, que es el que me gusta, parecía que estaban hechas para mí y yo me emocioné como una niña pequeña con sus regalos de Navidad. Hacía muchísimo tiempo que no comía dulce» , rememora Carmen.

Criminalizar al receptor

El conseller de Empresa i Ocupació, Francesc Xavier Mena, transmitió la sensación, al aventar la reforma de la RMI, de que el fraude entre los preceptores de la renta era la norma. Con frases como «hay cuentas corrientes [de personas que estaban cobrando la RMI] con pagos, por ejemplo, a Canal+ y Gol Televisión» pronunciadas por Mena, la Generalitat inició la revisión de la renta mínima, para reducir el presupuesto, de 170 millones en el 2011. Para el 2012 Mena presupuestó 100 millones, que han subido a 130 empleando para pagar la renta dinero previsto para dar empleo a sus titulares, lo que no se ha logrado.
«No puedo entender que la sociedad crea que las personas que cobran la renta mínima o, como yo, que intentan cobrarla, la quieren para pagarse lujos. Tienen que saber que son 423 euros, una cantidad casi irrisoria», expone Carmen. Y no le falta razón, con menos de 500 euros es muy complicado pagar un alquiler, afrontar facturas, comprar comida y además darse algún tipo de capricho. «Se nos ha criminalizado y no lo entiendo», sentencia.

Recortar gastos

Pedir dinero no es un plato de buen gusto. A pesar de la confianza, es complicado reconocer que se pasa necesidad. «Esperé para pedir dinero hasta que me llegó la carta anunciando que me cortaban la luz y el agua. Fue horrible» . Carmen cuenta además que debe dinero a muchos amigos y vecinos, ya que un día uno le deja 100 euros para hacer frente a las facturas y al mes siguiente es otro el que le ayuda. «Y ahora esos amigos y vecinos están en una situación muy similar a la mía, no llegan a fin de mes y yo no puedo hacer nada» , se lamenta. «Cronometro las duchas para gastar poca agua, me lavo el pelo pocos días y enciendo la luz lo imprescindible».
Todo ello para que el sustocuando llegan las facturas al buzón sea menor. «El momento de abrir las cartas es horroroso, no quieres ver lo que hay dentro», comenta, y recuerda que este mes también debe pagar una derrama de la comunidad de vecinos.
Pero Carmen no se va a rendir, tiene un derecho y luchará por él. Del mismo modo que cada día lucha para encontrar un trabajo echando currículos y presentándose a entrevistas, cada vez menos. «Todos los que estamos en mi situación [cobrando la RMI o esperando a cobrarla] no queremos esta prestación para subsistir, sino que queremos un trabajo para vivir», concluye.