PROMOCIÓN DE LOS ESTUDIOS SUPERIORES

Barcelona, ciudad universitaria

El ayuntamiento impulsa la captación de alumnos de otros países y facilita la integración temporal

Melon District invierte casi un millón de euros en renovar su innovadora propuesta de residencias

PATRICIA CASTÁN
BARCELONA
 
Algunos llegan con el nuevo curso académico anual, otros para pasar semestres o cuatrimestres. Comparten las ganas de mejorar su formación, comerse el mundo y descubrir Barcelona, seducidos por la calidad de los cursos de posgrado que se imparten en la capital catalana, por sus facilidades, su clima y su buena imagen internacional. El hecho es que la ciudad se ha afianzado como meca de estudios superiores, con un total de 160.000 universitarios (entre centros privados y públicos) y con unos 3.400 estudiantes de Erasmus, según datos de la Secretaria d’Univer-
sitat i Recerca. Otros miles acuden desde medio mundo a cursar másteres y posgrados, ya que el 40% de este perfil son extranjeros, así como un 30% de los doctorandos de la metrópoli. Un filón que el Ayuntamiento de Barcelona trata de mimar con la creación, hace poco más de un año, de la concejalía de Universidades, para atraer y facilitar el desembarco foráneo de cerebros. Y que en el ámbito empresarial se ha saldado con el desarrollo de las innovadoras residencias Melon District, cuya primera sede local está sufriendo una puesta a punto en el Poble Sec.
La aspiración municipal es convertir a Barcelona en el Boston europeo, una ciudad de referencia para quienes decidan ampliar su formación superior fuera de casa. «Es un ámbito que como ciudad nos interesa mucho social y económicamente», explica el concejal de Educación, Gerard Ardanuy, convencido de que la capital catalana está «bien posicionada y con mucho futuro» en el ámbito de los estudios de grado, posgrado y másteres. El área especializada creada en el ámbito municipal para potenciar la captación de estudiantes y facilitar su inserción local cumple un «objetivo estratégico». «Estamos apostando por políticas municipales orientadas a la conexión universitaria», explica.

PROMOCIÓN DE LA CAPITAL / Para el ayuntamiento, el estudiante de este perfil no solo es un viajero que da alas a las universidades y centros superiores, y que se instala durante meses en la ciudad (con los gastos que conlleva), sino que se trata de «un difusor de la ciudad muy potente», que luego exportará conocimiento y que tendrá a Barcelona como referente. El ayuntamiento, junto con la Generalitat, trabajan favoreciendo la difusión internacional de las universidades y programas que ofrece la capital catalana, y también creando espacios para que «conozcan la ciudad culturalmente», cuenta Ardanuy.
Su plan incluye la distribución de folletos y propuestas de actividades en todas las universidades, escuelas y residencias que reciben alumnos de otros países. La cifra exacta no está centralizada, aunque según datos ministeriales a Barcelona llegan en la actualidad casi 6.000 estudiantes en busca de cursos específicos, más allá de los 3.400 universitarios en programas de Erasmus. La Administración no distingue cuántos de los 160.000 universitarios de centros públicos y privados son barceloneses, ya que son miles los llegados de toda Catalunya y que también se convierten en residentes temporales mientras duran sus estudios.
La fórmula más habitual de estancia son los pisos compartidos. De hecho, se calcula que en la ciudad solo hay plazas en colegios mayores o residencias para uno de cada diez estudiantes. En ese contexto, para superar las limitaciones de las residencias, y la posible complejidad de compartir vivienda cuando no se conoce a nadie o se trata de una estancia corta, en el 2007 abrió sus puertas Melon District, la primera fórmula de residencia con conceptos de piso compartido.

FÓRMULA CON ÉXITO / Este bloque tiene más de 100 habitaciones con baño y TV, pero que comparten, cada 10 y por planta, una cocina lounge , donde comer o cenar con desenfado. «Nuestra competencia son los pisos compartidos, pero nunca tendrán recepción las 24 horas, seguridad, terraza común con piscina y cafetería en el edificio», cuenta Fabien Mollet-Viéville, que junto con tres socios locales inventaron su exitosa fórmula de estancia en pleno Paral·lel.
En el 2009 crecieron con más de 500 nuevas habitaciones en la zona de Marina, y este año han querido que su primer banco de pruebas del Poble Sec se modernizase para asemejarse en diseño y prestaciones tecnológicas a su hermano mayor. Por ese motivo, invierten casi un millón de euros en renovar cada habitación y las cocinas, y ganar nuevos servicios. Tienen una ocupación de casi el 90% que les ha llevado a hacer otra megarresidencia (2014) en París, siguiendo el modelo barcelonés, y a preparar el salto a Madrid y a ciudades italianas.
El sistema de alojamiento tiene especial éxito tanto en universitarios de primer curso que busquen un entorno seguro y facilidades, como en estudiantes extranjeros de estancias medias o más cortas, para los que un alquiler tradicional resulta incómodo. «Tenemos convenios con más de 40 centros que nos recomiendan y 200.000 visitas anuales a la web», relata su fundador. La clientela es un reflejo de las oleadas de estudiantes que pasan por la ciudad, un tercio nacional, un tercio americano y el resto, de todo el mundo, con más peso de los países europeos más cercanos.

Entrada de la residencia para estudiantes que la empresa Melon District tiene en la avenida del Paral·lel, el jueves pasado. (RICARD CUGAT)
 
(RICARD CUGAT)