INFORMÁTICA PARA MEJORAR LA COMPRENSIÓN LECTORA

La doctoranda de la UPF Luz Rello (izquierda) y la diseñadora gráfica Azuki Gorriz enseñan el juego ‘Dyseggxia’. (ELISENDA PONS)
 

Internet, amigo de los disléxicos

Expertos de la UPF quieren facilitar la lectura en la red a quien tiene dificultad

Una doctoranda lanza una aplicación que convierte los ejercicios en juegos

MICHELE CATANZARO
BARCELONA
 
Luz Rello recuerda con desazón los «aburridísimos» ejercicios que le acompañaron durante años, de niña, desde que se manifestó su dislexia, una condición que afecta a la comprensión lectora de más del 10% de la población, según diversas estimaciones. «Cuando veía una mancha de texto sentía que era demasiado para mí –recuerda– y suspendía en lengua y literatura. La dislexia no era entonces algo muy conocido».
Ahora, esta doctoranda de la Universitat Pompeu Fabra (UPF), de 27 años, se ha convertido en una experta en eso que se le daba tan mal: la lengua. En concreto, en la aplicación de la ingeniería informática a la lingüística. Hace tres semanas, lanzó en internet Dyseggxia , una aplicación para dispositivos móviles que convierte esos ejercicios en un juego. Arrastrando los dedos en la pantalla, los usuarios ordenan letras, separan palabras pegadas o escogen entre distintas terminaciones.

PROYECTO PERSONAL / Dyseggxia es un proyecto personal que Rello ha llevado a cabo, «en los fines de semana», con sus amigas Clara Bayarri, estudiante de informática de la Universitat Politècnica de Catalunya, y Azuki Gorriz, diseñadora gráfica. Para ello se ha basado en el análisis de los errores típicos de la personas con dislexia. Esta condición, de origen genético, afecta al módulo del cerebro que relaciona las letras con los sonidos, y produce dificultad en la lectura. Sin embargo, los afectados pueden desarrollar estrategias para compensarla.
El trabajo «de entre semana» de Rello (el proyecto DysWebxia ) pretende ser un paso adelante hacia un internet más amigable para los disléxicos. «Internet debería ser accesible para todos, pero a veces no lo es para los colectivos distintos a la mayoría», explica Ricardo Baeza-Yates, investigador ICREA de la UPF y codirector del trabajo de Rello, junto con Horacio Saggion, también de la UPF. «Sin embargo, la red tiene una gran ventaja: mientras en un texto en papel no se puede cambiar nada, en uno electrónico ¡se puede cambiar todo!», destaca Baeza.
Con esta idea en la cabeza, Rello pretende desarrollar unos programas para ordenadores o dispositivos portátiles que permitan, con un toque en el teclado o la pantalla, transformar un texto en algo mucho más abordable para los disléxicos: no solo cambiar la maquetación y destacar palabras en negrita o en color, sino incluso sustituir palabras por sinónimos más comprensibles, parafrasear partes del texto o convertirlo en un esquema, todo ello automáticamente.
Un primer prototipo de este sistema, basado en los estudios del grupo, ya se usa en los libros electrónicos de una empresa india. «Existen algunos programas de este tipo, pero solo en inglés», explica Rello. En castellano hay sistemas para cambiar la apariencia del texto, pero la novedad que aporta la investigación son los cambios en el contenido.
Las aplicaciones que Rello está desarrollando se fundamentan en los experimentos que llevó a cabo hace año y medio con 23 personas disléxicas de entre 13 y 35 años, más un grupo de control sin esa condición. Rello los puso ante una pantalla con un dispositivo que seguía el movimiento de su pupila al leer unos textos.

TIEMPO DE LECTURA / «Los disléxicos tardaron de media entre un 7% y un 14% más en leer el mismo texto que los otros», explica Rello. «Al final del experimento, el ordenador enseñaba unas manchas encima de las áreas del texto en las que los ojos se habían detenido: yo tenía unos puntos gordos en las palabras más raras», explica Marc Gerona, un estudiante de 18 años con dislexia que participó en el experimento.
Marc es uno de los primeros estudiantes que cursaron la selectividad adaptada para personas disléxicas, y uno de los promotores de Creix, un centro que se acaba de abrir en Barcelona y pretende proporcionar una atención integral a los disléxicos.
El experimento seguía con la introducción en el mismo texto de palabras destacadas, esquemas y paráfrasis, o con la sustitución de los términos raros (por ejemplo, prístino ) por sus sinónimos más frecuentes ( limpio ). Con estas estrategias, la diferencia se reducía.
El proyecto DysWebxia pretende utilizar la gran reserva de textos presente en internet y un conjunto de otros sistemas para llevar a cabo estas modificaciones del texto de manera automática, pero coherente. «No será perfecto, pero creo que puede mejorar muchísimo la experiencia de la lectura», concluye Rello.

Una de las pantallas del juego ‘DyseggxiaSSRq, para niños disléxicos. (LUZ RELLO)