EL TURNO

Menos fútbol y más rugbi

DAVID
ESPINÓS
 
El fútbol es el deporte que más se parece a la política. Sus protagonistas utilizan las mismas técnicas para conseguir el objetivo final: ganar. El teatro, la demagogia, el esperpento, el engaño… Al fútbol, como a la política, le hace falta aprender de otros deportes como el rugbi, donde predomina la nobleza y donde siempre se va de cara. En el rugbi, durante el partido se dan toda la cera que hace falta, pero no hay teatro, ni quejas histéricas, ni violencia gratuita. Cuando acaban, el que gana hace el pasillo al derrotado y luego juegan el tercer tiempo: comparten unas cañas.
La crispación que rodea a este deporte hipermediático que es el fútbol la tenemos tan interiorizada que la olvidamos, pero no por ello deja de ser absolutamente nociva, especialmente para los niños y adolescentes. Los más pequeños no suelen ser grandes aficionados a la política, pero sí al fútbol. Son esponjas. Si ven determinados comportamientos sobre el terreno de juego, los imitan. Estos días se juega la Eurocopa y cada partido se convierte en el todo o nada. Ganar o perder e irse a casa. Es habitual ver a jugadores tirarse y dar volteretas como si hubiesen sufrido una descarga eléctrica tras un leve o inexistente contacto con el rival. Algunos enloquecen y por momentos dejan de ser jugadores de fútbol para convertirse en carniceros con agresiones que más que una tarjeta roja merecerían ser juzgadas por un tribunal. Otros insultan y gesticulan como posesos. Cuando pierden, la culpa casi nunca es suya… Todo muy educativo. Sería conveniente erradicar estas conductas demasiado habituales y nada constructivas. Ahora que los realities están de moda sería apasionante sentar ante un televisor a los jugadores con conductas violentas y teatreras junto a sus hijos y reproducir las imágenes donde actúan como energúmenos. Quizá con este ejercicio aprenderían que cuando juegan al fútbol, además de querer ganar, también están educando a sus hijos y a los de los demás.