CICLISMO. LA VOLTA A CATALUNYA

Un pequeño grupo de ciclistas en plena ascensión del Cantó, que la nieve impidió coronar ayer. (EFE / TONI ALBIR)
 

La nieve obliga a suspender una etapa heroica

Valverde no salió y Schleck, Wiggins y Basso abandonaron medio congelados, como otros 30

SERGI LÓPEZ-EGEA
SORT
 
¿Lágrimas? Si caían se congelaban antes de que llegaran a la barbilla. ¿Hablar en el pelotón? Era imposible. La garganta se llenaba de aire frío y dolía, como las piernas, como esas heridas abiertas por las caídas que llevaban Sergio Pardilla, primer español de la general, o Ivan Basso, que abandonó, con dos Giros a sus espaldas. ¿Podía llorar un hombre duro, con podio en el Tour, como Levi Leip-heimer? Se apeó en pleno ascenso al Cantó, antes de que Rubèn Peris, presidente de la Volta, ordenara la suspensión de la etapa reina de la ronda catalana. El estadounidense tiritaba. Se agarró a la baca del coche de su equipo, y así llegó a la improvisada meta –una cinta americana gris colocada a mitad de ascensión–. La nieve habría convertido el descenso del Cantó en una trampa. En los tres últimos kilómetros de la cumbre final, en Port Ainé, solo podían subir los coches con cadenas.

COMO EN EL GAVIA / Fue un día terrible, inhumano, salvaje. No se recordaba una cosa igual en los últimos 24 años de historia del ciclismo, desde la mítica etapa del Giro que ascendió el Gavia y en cuyo descenso Pedro Delgado y muchos más se quedaron congelados. Ayer hacía tanto frío que era imposible mantener el equilibrio sobre la bicicleta. Había que ser un valiente, o quizás un loco, para continuar. Se apearon 33. Entre ellos, Andy Schleck y Bradley Wiggins. A Alejandro Valverde –otros cinco no salieron–, al abrir la ventana en su hotel de Girona y ver lo negro que estaba el cielo, le dolieron tanto las heridas de la caída del día anterior que decidió irse a casa. Valgan las palabras de Vladimir Karpets (Movistar), ruso, hombre curtido y duro en las inclemencias. «En mi vida había pasado tanto frío».
Sergio Pardilla, escalador y ciclista de futuro, del Movistar también, no daba crédito a la etapa que había vivido. Llegó a su hotel de Sort como primer español de la Volta, ya que la clasificación no sufrió cambios porque los jueces decidieron que los tiempos no contasen, que fuera simplemente una anécdota la victoria de Janez Brajkovic: «Solo he ganado porque quería mantenerme vivo. Ha sido el día más duro de toda mi carrera deportiva». «Nos hemos caído la mayoría, en las bajadas la bici patinaba. He pasado miedo, como nunca antes me había ocurrido en una etapa», reconoció Pardilla.

«ESTOY VIVO» /Luis Ángel Maté, corredor andaluz del Cofidis, no pudo exteriorizar otra cosa que felicidad al llegar al vestíbulo del hotel. «Estoy vivo», era todo cuanto decía. «Yo solo veía a montones y montones de corredores que subían por el puerto del Cantó agarrados a los coches. No había visto nunca una cosa igual. Los jueces no tuvieron otra opción que hacer la vista gorda», explicó José Luis Arrieta, director del Movistar.
La carretera estaba impracticable. Se averiaron varios autobuses de equipos. Los masajistas, en los coches auxiliares, montaban avituallamientos improvisados con termos de té y chocolate calientes.
Una máquina quitanieves se paseaba en la ruta que ascendía el Cantó. Pero no hacía gran cosa, por no decir nada. «O envían máquinas quitanieves o algún ciclista se mata en el descenso». Se lo dijeron a Rubèn Peris. Los primeros dos kilómetros de bajada era mejor hacerlos con esquís que en bicicleta. Allí mismo tomó la decisión. En aquellos instantes también se supo que la torre de control del aeropuerto de Girona había obligado volver a la base a los dos helicópteros que debían repetir la señal de televisión en directo. Un desastre. Todo al revés.
Sin embargo, en el deporte que más vive de la épica, se recordará la etapa, quedará perpetuada la imagen de los ciclistas llegando a sus hoteles en Sort tiritando de frío. Ni con el aire caliente del coche que los bajó por el Cantó habían podido entrar en calor. Basso mostraba sus heridas de guerra. Pardilla no se cortaba y señalaba la sangre seca en las rodillas. Llegaron vivos, que es mucho. Y hoy más, en una Volta que llega a Ascó, en principio sin nieve, y todavía con el suizo Albasini vestido de líder.